INTRODUCCIÓN
Antes de crear una empresa hay que pensar en el Plan de empresa, que es un documento de trabajo donde se desarrolla la idea del negocio que se pretende poner en marcha. En él se hará una descripción de la empresa, del negocio o de la iniciativa empresarial, se definirá el producto o el servicio a suministrar, se planificarán los aspectos comerciales, y se hará un estudio económico-financiero. Después llegará el momento de elegir la forma jurídica que tendrá nuestra empresa, y que será distinta según el número de socios que la compongan, el capital social que se aporte, el grado de responsabilidad frente a terceros, las obligaciones fiscales y el régimen de seguridad social escogido. Todo ello llevará consigo el cumplimiento de unos trámites administrativos para que la empresa pueda empezar a funcionar. En cuanto a los Tipos de empresa, están el empresario individual, que es lo mismo que decir persona física, o autónomo; las colectividades en general sin personalidad jurídica propia, como la comunidad de bienes y la sociedad civil; y por último, las sociedades mercantiles, con personalidad jurídica propia o empresas en general. Dentro de las sociedades mercantiles, tenemos por un lado las sociedades mercantiles tales como la sociedad de responsabilidad limitada, la sociedad anónima, la sociedad comanditaria, simple y por acciones, y la sociedad colectiva. Por otro lado, nos encontramos con la sociedades mercantiles especiales, a saber, la sociedad cooperativa (valenciana), la sociedad laboral, anónima o a responsabilidad limitada, la sociedad de garantía recíproca, la sociedad de capital riesgo, y la agrupación de interés económico. Las principales diferencias entre las empresas con o sin personalidad jurídica estriban en la responsabilidad frente a terceros, los trámites administrativos, el capital mínimo, y la tributación de los beneficios. Hay diferencias en cuanto al número de socios componentes de la empresa, aunque no es por causa de ausencia de personalidad jurídica. |